27 maig 2026

Contranarrativas y resistencia: El cine documental latinoamericano alza la voz en DocsBarcelona.

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Contranarrativas y resistencia: el cine documental latinoamericano alza la voz en el DocsBarcelona

El festival DocsBarcelona acogió entre sus actividades la mesa redonda “Contranarrativas y resistencia en el documental latinoamericano”, un espacio de debate moderado por Miquel Escudero que presentó las perspectivas de Susana Molina, directora de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y de Lorena Cervera, autora, documentalista y docente, quien presentó su libro «A Feminist Counter-History of Latin American Documentary».

A través de un diálogo que conectó la resistencia histórica frente a los bloqueos materiales con la urgente recuperación de la memoria de las cineastas olvidadas, la sesión reivindicó el documental como el territorio primigenio para desmantelar los discursos hegemónicos y seguir filmando desde los márgenes.

por Àlex Gil

“El documental latinoamericano y caribeño ha sido, desde sus inicios, el lugar primigenio de las contranarrativas audiovisuales, dando voz e imagen a grupos sociales poco representados en los discursos de los medios hegemónicos”. Con estas palabras abría su intervención Susana Molina, quien planteó tres preguntas esenciales para guiar el debate: ¿a qué narrativas pretende oponerse este cine?, ¿de qué modo se puede ejercer la resistencia?, y ¿puede la formación contribuir a desarrollar estas contranarrativas o es mejor adaptarse a los cánones establecidos?

El lugar de las contranarrativas

Para responder al primer interrogante, Molina señaló que el objetivo principal es fracturar las narrativas dominantes, aquellas que están “cubiertas por el manto del poder político y económico”. En este escenario, cuando los realizadores carecen de autonomía, su forma de resistir consiste en reafirmarse como creadores de nuevos contenidos y lenguajes para desmarcarse de las reglas impuestas. Fue precisamente bajo esta premisa de resistencia como se fundó el Nuevo Cine Latinoamericano, impulsado por corrientes como el «tercer cine» y el «cine imperfecto». Este movimiento cobró tanta fuerza que propició hasta cinco Encuentros de Documentalistas (ENDO) en ciudades como Caracas, Buenos Aires y La Habana, con ambiciosos planes para transformar las leyes, la educación y la distribución cinematográfica, aunque, eso sí, con una presencia femenina casi testimonial.

Si bien en aquella época los temas centrales giraban en torno a las luchas antiimperialistas, las dictaduras militares, la opresión de clases y la pobreza, el panorama actual ha evolucionado notablemente. Hoy en día, la agenda documental se ha expandido hacia la lucha contra la violencia de género, la diversidad sexual, las migraciones, el cambio climático y la inclusión. Esta transformación temática ha venido acompañada también de una evolución en el lenguaje, que ahora transita hacia la hibridez y lo autorreferencial. De este modo, tal y como concluyó Molina, los documentalistas latinoamericanos no han bajado la intensidad de sus narrativas de liberación, sino que han trasladado el foco hacia lo individual, lo introspectivo y lo afectivo, manteniendo intacta la búsqueda de emancipación que América Latina aún necesita.

Una contrahistoria necesaria

Si Molina adelantaba que la presencia femenina en los inicios del movimiento era testimonial, Lorena Cervera hace de esa misma ausencia el núcleo de su estudio. Su libro «A Feminist Counter-History of Latin American Documentary« (editorial Routledge) busca visibilizar a las cineastas olvidadas y ofrecer una perspectiva feminista de la historia del cine documental latinoamericano. Esta investigación, fruto de su tesis doctoral, se sitúa de lleno en la intersección del documental, las culturas cinematográficas latinoamericanas y los movimientos feministas. En su análisis, Cervera señala que, aunque el cine político de las décadas de 1950 y 1960 aportó valiosas narrativas de liberación, también perpetuó un canon «heteromasculino» que ignoraba la opresión de género. Por ello, a partir de los años 70 y al calor de la ola feminista, muchas mujeres comenzaron a filmar sus propias realidades. Lo hicieron desafiando grandes barreras como la falta de formación formal, la escasez de financiación, las cargas del trabajo doméstico y una exclusión sistemática de los circuitos de crítica, festivales y archivos.

Para abordar de manera integral este vacío histórico entre principios de 1970 y mediados de 1990, el libro propone tres aproximaciones fundamentales. La primera de ellas se centra en los documentales inspirados en el cine militante, los cuales exploraron las problemáticas de las mujeres trabajadoras desde una perspectiva marxista en un contexto de auge neoliberal y feminización de la pobreza. Con obras que rompieron la cultura del silencio patriarcal al generar espacios de producción seguros y críticos donde las mujeres hablaban por sí mismas. La segunda aproximación examina el cine de colectivos feministas y la circulación de sus ideas tras la Conferencia Mundial de la Mujer de 1975 en México. Estas agrupaciones utilizaron el cine como una herramienta de intervención política y transformación social, priorizando lo social sobre lo comercial y rechazando la autoría individual para trabajar codo con codo junto a activistas y líderes comunitarias. Finalmente, la tercera aproximación se enfoca en el documental en primera persona y las experiencias diaspóricas, analizando cómo el exilio y la migración influyeron en un «giro subjetivo» donde las realizadoras rompieron la ilusión de objetividad para explorar la feminidad, la sexualidad y la memoria desde su propia vivencia.

En última instancia, Cervera enfatizó que el desconocimiento actual de estas cineastas y sus obras no solo distorsiona nuestra comprensión del pasado, sino que también limita nuestras posibilidades en el presente. Por esta razón, su investigación se suma a un esfuerzo colectivo urgente por recuperar estas memorias, analizando a fondo las razones políticas, institucionales y epistemológicas de su exclusión para contribuir, de este modo, a una cultura investigadora y cinematográfica mucho más inclusiva.

Crear desde los márgenes

Para aterrizar estos conceptos en la realidad actual, Susana Molina incluyó en la sesión el testimonio de dos cineastas de la Escuela de San Antonio de los Baños, quienes ofrecieron perspectivas concretas sobre cómo se ejerce la resistencia en sus respectivos países.

La primera en intervenir fue Mónica, cineasta colombiana, quien destacó la complejidad de su contexto local, fuertemente marcado por la violencia armada. Para ella, “la resistencia radica en el poder hacer con los recursos disponibles, creando un cine posible e imperfecto que no busca grandes producciones, sino saber mirar y saber escuchar”. En este sentido, subrayó el papel de la escuela cubana al enseñarles a realizar películas de pequeño formato “enfocadas más en la mirada que en la tecnología”, una apuesta que funciona como contranarrativa frente a la industria hegemónica y a la representación unificada de Latinoamérica. Para Mónica, es claro que “en la carencia existe la necesidad de crear”, y que este tipo de cine permite a las comunidades “volver a pertenecer” y construir presente en sus propios territorios.

Por otro lado, la cineasta paraguaya Juana Miranda complementó esta visión reivindicando el cine indígena, campesino y comunitario como una forma crucial de resistencia. Según Miranda, este tipo de realizaciones ofrece “otra mirada, una forma diferente de pensar y de proponer el ser, la potencia, lo que somos y lo que podemos llegar a ser”. Aunque estas producciones suelen quedar fuera de los circuitos comerciales y no gozan de la misma visibilidad, ambas creadoras coincidieron en que son herramientas fundamentales para conocer, debatir y transformar nuestra propia realidad desde la periferia.

El valor de la resistencia y la mirada propia

Durante el debate posterior a las presentaciones se abordó la compleja realidad del cine cubano en la actualidad bajo un bloqueo económico calificado de «asfixiante», un entorno de subsistencia donde el Instituto del Cine de Cuba y las productoras independientes logran realizar obras con recursos mínimos y un enfoque profundamente crítico hacia la organización social del país. En este contexto, Susana Molina afirmó que las producciones estudiantiles de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en Cuba constituyen, desde los años 90, la fuente documental más importante sobre la vida en la isla. 

Como colofón de este análisis, la conversación derivó en la importancia de acompañar a los cineastas contemporáneos para que prioricen su propia mirada y posición en el mundo por encima de las exigencias técnicas o los reconocimientos externos. En este sentido, Susana Molina destacó el rol crucial de los festivales, tomando como ejemplo el éxito de los trabajos de San Antonio de los Baños en festivales internacionales o espacios como DocsBarcelona, para dar visibilidad a estas contranarrativas frente a la exclusión de las grandes plataformas comerciales. Así, el encuentro concluyó con un firme llamamiento a que Latinoamérica se reconozca a sí misma como innovadora y potente en lugar de subalterna, promoviendo de forma autónoma sus propios diálogos y circuitos de exhibición.

Fotografias Xavi Caparros

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