09 Abr 2026

La moda como trinchera de identidad y resistencia

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La moda como trinchera

de identidad y resistencia

El festival Moritz Feed Doc fue el escenario de la proyección del documental African Styles, dirigido por Rabi Yansané, Emmanuelle Wagner y Rolf Lambert, una pieza que nos sumerge en la efervescencia de la moda contemporánea en el continente africano. En una sesión del programa Acció >Cinema organizada por Catalunya Film Festivals con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y LaCoordi, plataforma que agrupa entidades del Comercio Justo y la Economía Solidaria para promover alternativas de consumo crítico en Cataluña, el coloquio posterior bajo el título ¿Existe el estilo africano? sirvió para desnudar las estructuras del neocolonialismo estético y reivindicar una industria que, lejos de ser solo ropa, es una herramienta de transformación política.

por Àlex Gil

Los diseñadores africanos están ganando premios y conquistando las pasarelas de todo el mundo occidental, desde París hasta Nueva York. Aunque esta presencia parece una eclosión reciente, su influencia y su saber hacer han estado siempre presentes, de una manera u otra, en la historia de la moda global. Hoy, una escena diversa y segura de sí misma está redefiniendo los códigos estéticos a través de la vanguardia y el cambio social. Este éxito, sin embargo, contrasta con una realidad cruda: el hecho de que África continúa siendo utilizada como el vertedero del fast fashion de Occidente, recibiendo toneladas de ropa que el Norte Global ya ha descartado como residuo. Frente a esto, la sostenibilidad en el continente no es una simple respuesta ética, sino una realidad estructural, una necesidad vital y un kilómetro cero forzoso que actúa como uno de los hilos argumentales en African Styles.

La trampa de la etiqueta única

Como coordinadoras de la mesa redonda, desde LaCoordi se quiso poner el acento en la dimensión colectiva del textil. Anna Bardolet abrió el debate recordando que la ropa es mucho más que una mercancía o un objeto artístico: “A veces pensamos que solo estamos hablando de ropa, pero la moda es una expresión de muchas más cosas. Es un vehículo que nos permite no solo expresarnos individualmente, sino vincularnos con movimientos sociales y con otra gente; es un puente hacia la conciencia crítica”. Esta premisa sirvió para aterrizar las imágenes de la alta costura del documental a la realidad del consumo consciente y la solidaridad internacional que promueve la entidad.

La pregunta que daba nombre a la mesa, ¿Existe el estilo africano?, fue el primer muro a derribar. Sofia Archer, diseñadora y patronista de moda, criticó la tendencia occidental de homogeneizar todo un continente: “No tiene sentido hablar de estilo africano, como no tiene sentido hablar de estilo europeo. Lo que se ha hecho es simplificar África como si fuera un solo país o una sola cultura, y eso es una forma de borrar nuestra diversidad”.

Esta visión fue compartida por la artista Ludi Adelino (Wylsum Cultura), quien alertó sobre los peligros de la representación entendida solo como cuota exótica. “Yo soy artista y punto. No quiero definirme constantemente como una artista negra o de Guinea Bissau para que el sistema decida si mi trabajo es válido o no”, reflexionó, abogando por una descolonización de la mirada donde el talento no necesite “traducción” al canon europeo para ser considerado excelente.

La sostenibilidad no es una moda, es una herencia

Uno de los puntos más potentes del debate fue la desmitificación de la moda sostenible tal y como se entiende en Europa. Para las ponentes, lo que aquí se vende como una tendencia ética, allí es la base de la supervivencia. Wyne Kirabo, diseñadora ugandesa, lo explicó con claridad: “En Uganda, si un vestido tiene un agujero, no es una excusa para tirarlo, sino una razón para aprender a coserlo y cuidarlo”. Esta filosofía de kilómetro cero y aprovechamiento extremo no nace de una campaña de marketing, sino de una relación ancestral y necesaria con los recursos.

Esta realidad choca frontalmente con el impacto del ultra fast fashion que Occidente envía al Sur Global. Anna Bardolet, moderadora de la conversación y representante de LaCoordi, recordó que la industria consume en un solo par de vaqueros “la misma cantidad de agua que una persona necesita para vivir durante dos años y medio”. Frente a esto, el documental muestra un ejemplo de cómo dar la vuelta al colonialismo: un diseñador africano residente en Berlín que recoge estos residuos textiles expulsados por Europa y los transforma en piezas de autor mediante el upcycling y los vuelve a vender en el mercado del Norte. Es un ejercicio de justicia económica que obliga a Occidente a mirar de frente su propia basura.

Tecnologías ancestrales y justicia estética

Wyne Kirabo destacó también que la alta costura occidental bebe constantemente de tecnologías que en África son cotidianas: “La artesanía, el tejido a mano o el teñido no son para nosotros una tendencia de lujo, son nuestra base y nuestra identidad. Es lo que nos permite saber de dónde venimos para no ser cuerpos-objeto, sino sujetos con voz propia”.

Finalmente, el coloquio interpeló al público sobre la hegemonía del gusto europeo y la dictadura de los tonos neutros. Adelino cerró la sesión cuestionando los cánones de elegancia impuestos: “¿Quién ha dicho que la elegancia reside en el gris y no en el color? Hay que subvertir estos lenguajes que se nos imponen y hacernos preguntas sobre quién tiene el poder de decidir qué es el buen gusto”.

En definitiva, la sesión de Acció>Cinema en el festival Moritz Feed Doc dejó claro que la moda en África, y en sus diásporas, es un movimiento constante de reparación histórica. Una demostración de que, cuando la producción es local y consciente por necesidad, la ropa deja de ser un objeto de consumo para volver a ser, como concluyeron las ponentes, “vida y movimiento”.

Fotografías Càstor P. Cufí

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