NOTÍCIAS > 27.11.2025
Resistencia femenina
en Afganistán:
Educar como acto político

La Mostra Internacional de Films de Dones presentó, el pasado 21 de octubre en La Bonne, una sesión especial del programa Conocidas y reconocidas, con la presentación de la serie Dones en lluita, de Txell Feixas, que retrata movimientos de resistencia femeninos en todo el mundo. La activista afgana Zuhal Sherzad, protagonista de uno de los capítulos, expuso una realidad que a menudo queda deformada desde la mirada del Norte Global.
por Àlex Gil
La Mostra Internacional de Films de Dones acogió esta sesión del programa Conegudes i reconegudes, creado en 2013 para recuperar y visibilizar la filmografía de directoras catalanas. Doce años después, la presencia de creadoras en festivales y salas ha crecido, gracias también a colectivos como Dones Visuals,
pero la Mostra defiende seguir manteniendo espacios propios para contextualizar y compartir estas obras.
La sesión tuvo un doble carácter excepcional. Por un lado, era la única actividad del programa celebrada en Barcelona en un año que pone el acento en la descentralización. Por otro, presentaba un formato poco habitual en la Mostra: una serie documental. Se trata de Dones en lluita, seis capítulos en los que la periodista Txell Feixas retrata las resistencias femeninas que ha conocido a lo largo de más de una década como corresponsal en Oriente Próximo.
Como reportera, Feixas ha cubierto la guerra contra el Estado Islámico, la caída del califato de Rojava, las marchas de retorno en Gaza o crisis humanitarias como la de Ceuta. De este recorrido, marcado por el contacto con mujeres que sostienen luchas invisibilizadas, nacieron los libros Dones valentes (Ara Llibres, 2020) y Aliades (Ara Llibres, 2025), y ahora esta serie coproducida con 3Cat, que se presenta en diversos formatos: televisión, pódcasts y material en redes sociales, con contenido complementario que explica contextos y problemas que han impulsado la lucha de las protagonistas.

El proyecto Dones en lluita
La serie, coproducida por 3Cat i Mediapro con el apoyo de la Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament, consta de seis capítulos que siguen la trayectoria de mujeres que han pasado de ser afectadas a activistas, transformando su experiencia personal en acción colectiva. Entre ellas están Zuhal Sherzad, a activista afgana que dirige una red de escuelas clandestinas; Sophie Ndongo, defensora de los derechos de trabajadoras domésticas migradas en Líbano; Ana Rutilia Ical Choc, que se opone a macroproyectos multinacionales en Guatemala; Sister Fa, rapera que lucha contra la mutilación genital femenina en Senegal; Teodora Vásquez, defensora de mujeres acusadas de abortos en El Salvador; y Samanta Randos, que reivindica el derecho a la vivienda en Barcelona frente a fondos buitre.
La Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo, coproductora del proyecto, aprovechó el acto para reivindicar su compromiso con una cooperación feminista. Andrea Costafreda, directora general de Cooperación al Desarrollo, indicó que aunque en algunos países el término feminismo ha sido estigmatizado hasta el punto de que muchas organizaciones evitan utilizarlo, la cooperación catalana defiende que las luchas de las mujeres deben seguir ocupando un espacio central. La Agencia destacó también el valor de la Mostra, que desde hace más de treinta años trabaja para situar a las mujeres creadoras en el espacio público.
La presentación contó también con la participación de Zuhal Sherzad, activista afgana y protagonista de uno de los episodios. Estudiante de ciencias políticas y especializada en prevención de la violencia de género, Zuhal ha liderado programas de educación para niñas, salud mental y libertad de expresión en un contexto en el que estas actividades comportan un riesgo extremo.
En su intervención, Feixas remarcó que Dones en lluita es fruto de un equipo integrado mayoritariamente por mujeres, desde la dirección de fotografía hasta el montaje, y que esta mirada colectiva ha sido clave para dotar la serie de sensibilidad y profundidad. Explicó que muchos de los testimonios, como el de Zuhal, provienen de encuentros en condiciones difíciles y que a menudo la realidad impone retos inesperados. En el caso del episodio afgano, el equipo quedó bloqueado por la prohibición de entrada de los talibanes. Fue la propia Zuhal quien asumió el riesgo de filmar desde dentro, convirtiéndose así en la corresponsal de su propio relato. Esto permitió mostrar un Kabul real, sin alteraciones, y un día a día de resistencia soterrada que incluye escuelas clandestinas, bibliotecas gestionadas por mujeres y sistemas de transmisión del conocimiento en riesgo constante. Sherzad subrayó que su lucha es subterránea y colectiva, en la que cada mujer forma a otra para que continúe la resistencia, y que la solidaridad interna entre maestras, familias y voluntarias es la clave para que los centros educativos funcionen a pesar de las persecuciones y restricciones.

La lucha de Zuhal Sherzad
Zuhal Sherzad agradeció la confianza de Txell y el apoyo de la Agencia y de las organizaciones que han facilitado su protección. Explicó que el documental se rodó en uno de los momentos más difíciles de su vida, con escuelas clandestinas cerradas, persecuciones y control militar constante. “La única razón por la que acepté participar fue la necesidad urgente de conectar Afganistán con el mundo”, dijo. Subrayó que la suya es una lucha compartida por muchas mujeres de su país, y reconoció la labor de todas las personas que han contribuido a mantener viva la red de educación clandestina, destacando el papel de Nadia Ghulam como mentora e impulsora de esta red.
Recordó que antes del regreso de los talibanes al poder “las escuelas de niñas no eran clandestinas: eran grandes, abiertas, registradas”. Ahora, en cambio, funcionan fragmentadas en grupos pequeños y móviles. “Allí donde hay más control, cada día entran en casas y oficinas. En otras provincias hay un poco más de margen. Nos movemos constantemente.” La transmisión del conocimiento se ha convertido en un acto político y de supervivencia. “La información no se escribe en ningún sitio; pasa de boca en boca”, explica.
La biblioteca gestionada por mujeres es otro espacio de tensión. “Solo nos permiten tener libros religiosos”, dice Sherzad. “Si detectan una autora mujer o un texto sobre derechos o paz, lo prohíben.” Aun así, las activistas han tejido estrategias sutiles para seguir haciendo circular libros que alimenten el pensamiento crítico, una tarea que contrasta con la mirada simplificada con la que a menudo el Norte Global interpreta el papel de las mujeres afganas.
El control económico añade otra capa de dificultad. “Cuando una mujer intenta acceder a sus ahorros, puede ser interrogada. Muchas hemos visto nuestras cuentas bloqueadas.” A pesar de ello, Sherzad subraya que son las propias maestras, familias y voluntarias las que sostienen las escuelas: “La solidaridad interna es lo que lo hace posible.”

Resistencia soterrada y responsabilidad global
Feixas remarcó que todas las imágenes del documental fueron revisadas por las activistas y que ninguna mujer aparece sin autorización. Algunas, por seguridad, optaron por ocultar el rostro; otras, como Zuhal Sherzad, decidieron mostrarse. “Me molesta que se diga que lo que pasa en Afganistán es religión”, afirmaba. “No lo es. Son decisiones políticas de los talibanes.” Su decisión convierte el filme en un acto de resistencia visual que cuestiona los relatos reduccionistas construidos desde Europa.
Sobre el movimiento feminista afgano, Sherzad reconoce que ha tenido que transformarse. “Antes hacíamos protestas en la calle. Ahora ya no es posible. Por eso nuestra lucha es subterránea: educación, formación, transmisión de conocimiento. Cada mujer prepara a otra mujer para que continúe.” Estas formas de resistencia, invisibles para muchos observadores occidentales, obligan a ampliar la definición de feminismo global y a reconocer que la lucha por derechos fundamentales no siempre adopta formas públicas o masivas.
Feixas advertía que “lo peor que puede pasar es acostumbrarnos a lo que está pasando”, una reflexión que interpela no solo a gobiernos e instituciones, sino también a una ciudadanía europea que a menudo se desconecta de las consecuencias que sus políticas tienen en territorios como Afganistán. Las experiencias que recoge la serie y las palabras de Sherzad recuerdan que una niña aprendiendo a leer en un sótano o una maestra escondiendo un libro prohibido no son solo gestos de resistencia local: son piezas de un feminismo global que desafía fronteras y reclama que el mundo no normalice la opresión.
La serie da visibilidad a historias silenciadas y evidencia cómo la resistencia femenina y la lucha colectiva pueden generar cambios reales, a pesar de contextos difíciles y represivos.
Dentro del programa Conocidas y reconocidas, se han organizado otras proyecciones de este documental en varios municipios que se prolongarán hasta el mes de diciembre.




